Don Simón Calmachicha caminaba por la vida como si tuviera todo el tiempo del mundo, porque según él, así era. A sus cincuenta y siete años, lucía una cabellera plateada que ondeaba al viento con la misma cadencia pausada de sus pasos, y una sonrisa permanente que desconcertaba a quienes vivían encadenados al reloj. Cada …