Entró en el Bar Manolo con la cara desencajada y el pelo revuelto, como si hubiera peleado con un ventilador industrial y hubiera perdido por puntos. Ni saludó. Se quedó quieto junto a la tragaperras, respirando hondo, mientras nosotros lo mirábamos con esa curiosidad de jubilado que convierte cualquier gesto raro en una investigación parlamentaria.Fue …
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