Te escribo, Adela, como cada Navidad, incluso ahora que estás aquí, sentada a mi lado en nuestra vieja casa de Torrejón de Ardoz. Antes solía hacerlo imaginando que, de algún modo, mis palabras cruzaban la distancia hacia París, donde un día desapareciste. Hoy, sin embargo, estás conmigo, aunque tu mirada siga en parte ausente y …
