Aprender del fracaso o fracasar en el aprendizaje

En su obra sobre la autoestima, Richard Bednar y Scott Peterson señalan que la propia experiencia  de  enfrentarse  a las dificultades -aun arriesgándose a fracasar- ayuda a aumentar la confianza en uno mismo. Si eludimos los retos y las dificultades por miedo al fracaso, nos estamos diciendo a nosotros mismos que no nos sentimos capaces de superar los problemas, que no sabemos cómo actuar ante el fracaso.

En consecuencia, nuestra autoestima se debilita. Pero si nos retamos a nosotros mismos a alcanzar determinados objetivos, nos estamos diciendo internamente que somos lo bastante capaces de poder manejar cualquier posible fracaso. Asumir los retos en vez de eludirlos tiene un poderoso efecto sobre nuestra autoestima a largo plazo, más que el  propio hecho de perder o ganar, del éxito o el fracaso en sí.

De manera paradójica, nuestra autoconfianza en general y la seguridad de que podemos superar los problemas se refuerzan cuando fracasamos, porque en ese momento nos damos cuenta de que lo peor que podíamos esperar (fracasar) no era en realidad tan terrible como pensábamos.

Como el mago de Oz, que resultó ser mucho menos amenazador de lo que todo el mundo creía cuando al fin salió de detrás de la cortina, el fracaso es mucho menos terrible cuando se confronta directamente. Se sufre más por el miedo al fracaso que por el fracaso en sí mismo.

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