Carpe Diem

Carpe diem es una expresiónn de raíces latinas que fue concebida por el poeta romano Horacio. Su traducción literal otorga relevancia a la frase “cosecha el día”, cuyo contenido alienta a aprovechar el momento presente sin esperar el futuro, o dicho de otro modo “pensando en ahora, y no en lo que pueda suceder después”

Sobre vivir el día a día, sin tener en cuenta el pasado ni el futuro se puede escribir un libro dedicado exclusivamente a este tema, porque para mí es una las patas más sólidas que sustenta la felicidad. Todos tenemos claro que debemos pasar página de hechos pasados que han sido causa de  dolor, pero la realidad es que en la práctica es muy difícil “aparcarlos”. Lo mismo ocurre con la ansiedad que provoca la imaginación de escenarios futuros ante una situación problemática. Hay que reconocer, igualmente, que ese afán de regodearse en esos pensamientos “negativos”, lo mismo que hacen los cerdos en la mierda, tiene un efecto demoledor quienes  los  padecen. Hay que estar muy atento para detectar cuando alguna de lo que yo llamo “garrapata emocional negativa” se instala en tu pensamiento y tener un sistema para expulsarla lo antes posible. Consiste en ocupar tu mente en otra cosa hasta que la “garrapata emocional negativa” desaparece, bien sea cantar, repetir una frase muchas veces, hablar con otra persona, cualquier cosa vale.

Hay una reflexión  preciosa  que  define  perfectamente  la idea del “Carpe Diem”, la cual reproduzco a continuación:

 

El tren de la vida

La vida es como un viaje en  un tren,  con  sus  estaciones, sus cambios de vías, sus accidentes. Al  nacer  nos  subimos  al tren y nos encontramos con nuestros padres, y creemos que siempre viajaran a nuestro lado,  pero  en alguna  estación  ellos se bajaran dejándonos en el viaje solos.

De la misma forma se subirán otras personas, serán significativas: nuestros hermanos, amigos, hijos y hasta el amor de nuestra vida. Muchos bajaran y  dejaran  un  vacío permanente.

Otros pasan tan desapercibidos que ni nos damos cuenta que desocuparon sus asientos. Este viaje estará lleno de alegrías, tristezas, fantasías, esperas y despedidas.

El éxito consiste en tener una buena relación con todos los pasajeros, en dar lo mejor de nosotros.

El gran misterio para todos, es que no sabemos en qué estación nos bajaremos, por eso, debemos vivir de la mejor manera, amar, perdonar, ofrecer lo mejor de nosotros. Así, cuando llegue el momento de desembarcar y quede nuestro asiento vacío, dejemos bonitos recuerdos a los que continúan viajando en el tren de la vida.

Te deseo que el viaje en tu tren para el año que viene sea mejor cada día, cosechando éxitos y dando mucho amor. Ah, les doy las gracias por ser pasajeros de mi tren.