La consecución del éxito

Cuando evaluamos a una persona que ha conseguido el éxito, ya sea científico, músico, empresario etc., solemos establecer dos valores diferentes en función del conocimiento que tenemos del modo en que la citada persona ha conseguido el mismo.

Si solo sabemos de su éxito solemos asignar un alto valor a su inteligencia, no considerando que sus logros fueran alcanzables por personas normales.

Sin embargo, si tenemos información acerca de los pasos que estas personas siguieron hasta culminarlo (el esfuerzo realizado, los errores y los reveses experimentados durante su trayectoria) también le damos una alta evaluación, pero a diferencia de lo anterior,  pensamos  que  los  logros conseguidos por ellos eran  alcanzables  por  personas normales.

En el primer caso asumimos que estas personas tienen una mentalidad perfeccionista, dado que solo se ve una parte de la realidad, en el segundo caso, al tener también información sobre los pasos que siguieron, adoptamos una mentalidad optimalista, desde la que observamos la realidad en su conjunto, tanto el resultado como el proceso que condujo hasta allí.

No hace falta decir que toda victoria llega tras una serie de pasos: alguien estudia algo durante años, llevándose muchos fracasos, esforzándose por superarlos y atravesando una serie de altibajos hasta alcanzar la meta. El mundo de la música, por ejemplo, está lleno de éxitos que aparecen “de la noche a la mañana”, pero la verdad es que  sus autores trabajaron  mucho y durante años antes de alcanzar esos éxitos. Lo que pasa es que vemos solo el resultado final y pasamos  por  alto  el esfuerzo en energía y tiempo que hizo falta para llegar ahí; en consecuencia, esos éxitos nos parecen  inalcanzables, la obra de un genio sobrehumano.

Al conocer la manera en la que alguien ha alcanzado su meta, tendemos a ver sus logros como el resultado de un considerable esfuerzo y, así, nuestras propias metas nos parecen más fáciles de alcanzar. Las  personas  pueden imaginar mejor su avance a través de pequeños pasos, no situadas de una vez en las alturas, que así parecen inalcanzables.