La Utopía

El otro día releyendo un viejo libro de mis tiempos de estudiante de psicología, concretamente “Utopía”de Tomas Moro pude ver como debajo del subtítulo de la  obra:  De optimo statu rei publicae deque nova ínsula Utopía (El estado óptimo de la vida sociopolítica o de la  isla  nueva  Utopía) estaba escrito con tinta ya muy envejecida: “La utopía no está relacionada con lo imposible, sino con lo óptimo, lo cabal, lo máximo, lo perfecto. Sin utopías reales y auténticas la vida carece de horizonte. La utopía no solo es posible, sino necesaria”. La verdad que no recuerdo por qué motivo haría aquel comentario hace ya unos añitos.

Me quedé pensando que la utopía no consiste en  un  mundo de quimeras, al margen de la realidad, sino en la plena realización de nuestras aspiraciones en todos y cada  uno  de los ámbitos del mundo y de la vida (amor, sanidad, trabajo, vivienda, libertad, sociedad, educación, ocio…).

Al levantarnos cada mañana, quisiéramos que cada día fuese bueno, a ser posible óptimo. Evidentemente, nuestras vidas están alejadas de ser perfectas, pero eso no quiere decir que en el fondo de nosotros mismos no aspiremos a que lo sean. Nos enamoramos o emparejamos, elegimos unos estudios, nos decantamos por una profesión, planeamos unas vacaciones o quedamos con unos amigos con el deseo de que nuestra relación de pareja y nuestro trabajo y nuestro descanso y nuestras amistades sean óptimas; es decir, lejos de renunciar a la utopía (lo óptimo), nos mantenemos básicamente en la vida por ver hecha realidad la utopía.

Solo con utopías la vida y el mundo son mejorables y por ello nos esforzamos, luchamos y hacemos de cada día una senda virgen con el deseo de una vida mejor y  un  mundo mejor. Solo con utopías se puede afirmar  sinceramente  que otro mundo es posible.

La utopía no es algo imposible, sino el grado óptimo de cada cosa, de cada ser. Quizá nunca la veamos plenamente realizada, pero nos inyecta energía, vitalidad, rumbo y sentido para seguir caminando hacia los mismos horizontes con los que soñaron tantas generaciones pasadas, presentes y – espero- también futuras.