Era un jueves de julio cuando recibí mi primera nómina. La cantidad no resultaba espectacular —mil doscientos euros que, tras el filtro del alquiler compartido, los recibos y el abono transporte, quedaban en poco más de trescientos—, pero representaban mucho más que dinero. Ese numerito en mi cuenta bancaria significaba independencia, madurez y, sobre todo, …

